La frase de Cristina Fernández, expresada el último viernes por cadena nacional, es casi un compendio del relato kirchnerista, el mismo que ella alabó ese día con similar sentido al del credo democrático (”Se come, se educa, se cura...”) que recitaba Raúl Alfonsín: “Porque cuando torcimos el rumbo finalmente, salvo a muy poquitos, les terminó yendo mal a todos, más tarde o más temprano”, afirmó.

La Presidenta lució ese día mucho más segura y menos agresiva que en sus dos presentaciones anteriores, ya que el Gobierno parece sentirse un poco más confortable al haber frenado transitoriamente la corrida cambiaria y por haber evitado que la situación desembocara en una crisis bancaria, aunque poco pudo hacer para evitar que el desmadre se haya trasladado de modo contundente a los precios.

Ante una construcción que pretendió sonar firme y tajante, no es casual que, para compensar, Cristina haya ensalzado el parecer del relato frente al ser de los hechos, porque su culto es propio de todos los populismos y si hay algo que tiene ese tipo de discursos es que sabe combinar en dosis ajustadas las medias verdades y el dramatismo para enmarcar la escena, tratar de convencer primero al auditorio y darle argumentos después a quienes son los difusores de la palabra.

Sin embargo, y más allá del tiempo y de las energías que se pierden en armar los decorados, que mejor utilizadas podrían ayudar a solucionar los problemas de un modo más racional, efectivo y políticamente más redituable, a casi once años vista y con dificultades objetivas de todo tipo, el andamiaje comunicacional del Gobierno hace agua, porque con la repetición de un juego verbal tan conocido, siempre hay quienes están dispuestos a orejear las cartas para verle la pata a la sota.

De allí que, pese a lo contundente de los argumentos de la Presidenta, la mención permite observar analíticamente que lo que ella hizo fue un simple llamado a la cristalización de los procesos y que apuntó a un diagnóstico mezcla de conservadurismo (no cambiemos nada de esto...) y de verdad revelada (...porque es lo mejor).

A la vez, el enunciado sonó casi a fantasía, porque si hay alguien que, acosado por la realidad y probablemente por el correlato económico y social de sus malas políticas, está torciendo el rumbo en los últimos meses es justamente el gobierno nacional. Quieren que no se note, pero los esfuerzos que hacen los funcionarios, legisladores y gremialistas y empresarios amigos para disimular el lío ideológico que tienen, en algunos casos son patéticos.

Cuando hay que tomar amargas medicinas, tal como está sucediendo por estos días, no es que el relato aparezca antes que las decisiones, sino al revés: las medidas no se dan a conocer hasta que el relato no esté construido. Así, el mercado fue el responsable de la devaluación y los comerciantes inescrupulosos son quienes remarcan los precios y en esa lógica, sólo se avanzó en los procesos de ajuste cuando los chivos emisarios estuvieron elegidos, con los medios no oficialistas en primera línea.

Ese tipo de comentarios multipropósito cargado de dobles lecturas que disparó Cristina, fue expresado esta vez ante muchos caciques “pejotistas” del Conurbano, a quienes ella parece querer volver a seducir con recetas cincuentosas, una de ellas casi la reedición del “agio y la especulación” del primer peronismo.

Este recuerdo es el que lleva implícito el proyecto de unificación de tres leyes que, bajo la excusa de la protección de los consumidores, sería algo francamente peor, ya que podría terminar con miles de Pymes, debido a que si avanza en el Congreso, el Estado podrá sancionar, cobrar multas y hasta expropiar y vender mercaderías, sin que las empresas, a cuanto más pequeñas más vulnerables, puedan recurrir a los Tribunales antes de que se ejecute el castigo.

Este festival de efectos no deseados por combinar regulaciones de todo tipo, todo un clásico de la década, ya terminó con el mercado de la carne, el del trigo y el de muchas economías regionales, mientras que en los últimos tiempos los efectos de la mala praxis impositiva están demoliendo la industria automotriz y el cierre de la canilla importadora amenaza con hacer colapsar las armadurías de electrónica de Tierra del Fuego. Ni que decir lo que ocurrió en materia energética, cuyos desaciertos han sido, desde el ángulo cambiario, el primer motor de la actual crisis.

Pero, igualmente, como ese auditorio está blindado ante cualquier otra cosa que no afecte su permanencia en el poder hasta les debe haber caído bien las declaraciones de otros miembros del Gobierno que avanzan a diario contra el sector privado y que cargan de estatismo el discurso.

En tanto, se ha consentido que Quebracho tome la calle para mandar al frente a los supuestos enemigos del Gobierno como si fuesen enemigos de la Patria y se utiliza como caballo de Troya paritario a los gremios nacionales docentes, todos miembros de la CGT y de la CTA cercanas al Gobierno, buscando que los maestros acepten 22% y un plus bastante complicado de entender, para que ese porcentaje sirva como testigo en las provincias, que incluirá luego las negociaciones del resto de los gremios estatales.

En tanto, con tamaño lastre del día a día, el ministro de Economía, Axel Kicillof, trata de buscar dólares en el mundo, lo que es todo un contrasentido en sí mismo, ya que un ministro que no cree en la tranquilidad que le puede aportar a los inversores la seguridad jurídica ni mucho menos en las bondades del “clima de negocios” tiene que poner la cara y decir afuera que todo lo que puertas para adentro resulta ser jueguito para tribuna.

No obstante, los dimes y diretes, los empresarios miran con mucha preocupación el momento, que los deja expuestos a varias puntas, como los malos de la película por el lado de las acusaciones gubernamentales, escraches de por medio y como ideólogos del freno salarial. Temen desbordes en los pedidos que las empresas no puedan pagar y conflictividad para el resto del año.

Ese mismo día, pero por la tarde, un grupo de 60 representantes de 37 entidades empresarias de diferentes ámbitos coincidieron en la necesidad de consensuar políticas para contener la inflación y en buscar herramientas que fijen límites a la presión tributaria, como también articular medidas de gobierno que mejoren los niveles educativos y de seguridad ciudadana.

El problema de todo esto es que mientras desde estos sectores se alienta al diálogo para corregir rumbos, la propia Presidenta presenta la situación puertas para adentro del kirchnerismo como de negativa a cambiar el horizonte, algo casi propio de iluminados.

Y así se lo planteó a los empresarios, pidiéndole “a los grandes formadores de precios, a sus distribuidores, a sus proveedores (que) no maten la gallina de los huevos de oro. No significa solidaridad, significa inteligencia, necesidad de seguir manteniendo y sosteniendo este crecimiento”, señaló como corolario de aquel razonamiento tan ambiguo sobre el “rumbo”.

Hoy, el discurso oficial de la Argentina sobre una Venezuela cada vez más militarizada, pretende centrar la discusión únicamente en los tiempos electorales y esa línea ha dejado claramente a “los pibes para la liberación” muy confusos, fuera de los íconos que suelen motivar a los jóvenes en todo el mundo. No les cierra cómo era algo bueno apoyar a la estudiante Camila Vallejo y repudiar la represión de los carabineros de Chile, manejados por la derecha de Sebastián Piñera y por qué no ocurre lo mismo con el gobierno de Nicolás Maduro.

Pero, además, las discordancias entre las evidencias de la realidad y el floreo del relato los ha dejado descolocados a ellos y a muchos políticos del Frente para la Victoria con la admisión que ha hecho el propio Gobierno de las mentiras del Indec, con la devaluación que le “obligaron” a realizar, con las recetas ortodoxas para enfriar la economía, el pago a los “gallegos” de Repsol, a quienes se les iba a cobrar por sus pasivos ambientales, el acercamiento al Fondo Monetario, etcétera.

Y ahora, además, se les dice a los intendentes, a los gremialistas que de momento son del palo, a los dos jefes de bloque del Congreso y a los legisladores que no saben que van a tener que votar de aquí en más y a todos esos jóvenes atribulados que el camino no debe torcerse.